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(en sentido derridiano) de lo que la sociedad patriarcal de-                                                            lo largo de los dos relatos, y a medida que se aleja del centro

         fine como masculino y femenino. Según el contexto, Zarco                                                                de la historia, va perdiendo independencia, y se va fundien-

         o bien afirma las normas heterosexuales que ha internaliza-                                                             do con la subjetividad del propio Zarco. Los puntos de vis-

         do, o se desmarca de ellas, reiterando así, de esta forma, la                                                           ta liminales del hombre queer con un físico perfecto y de la

         noción foucauldiana de que la sexualidad es el lugar funda-                                                             mujer heterosexual con una discapacidad física se juntan en

         mental de las relaciones de poder. Zarco describe su relación                                                           una única voz polifónica, pero que no deja de ser la voz del

         (de poder) con Paula con estas palabras: “disimulé durante                                                              varón que ha silenciado a la mujer. En la primera novela,


         mucho tiempo y me casé con Paula. […] Yo sigo llamán-                                                                   Paula se felicitaba de ser los ojos, los oídos y a veces la inteli-

         dola para infligirle un poco de ese daño que da gusto. Ella                                                             gencia de Zarco: “Yo seré sus ojos y sus oídos —seré mucho

         se venga de mí. Nos devolvemos los golpes y acompañamos                                                                 más: la inteligencia que a rato le falta” (2010, 227) y man-

         como los dualistas de Stocker. No podemos vivir el uno sin                                                              tenía una constante conversación telefónica con el exmari-

         el otro. A veces Paula me ayuda a ver la luz” (2010, 21). A                                                             do—. En la segunda, Zarco deja de llamarla y de escuchar

         través de la voz de Zarco, Sanz logra cuestionar el discur-                                                             sus consejos. Admite que “ella es mi Hyde —permanece en

         so heteronormativo de la narrativa hegemónica y, para uti-                                                              el cuarto oscuro—, pero sobre todo mi Jekyll: mi racionali-


         lizar un neologismo acuñado por Jonathan Weinberg, llega                                                                dad, mi buen juicio” (2012, 267), pero ya no acude a ella si

         a “queering the text”, a descentrar el texto, no solo por su                                                            no por medio de la imaginación. Suprime la subjetividad de

         discurso contra la misoginia, la ginofobia y la homofobia,                                                              su exmujer y la hace hablar como si él fuera un titiritero, o

         discurso que ampliará en su nueva novela Daniela Astor y la                                                             como si la hubiera fagocitado. La oye “desde dentro y desde

         caja negra (2013), sino también en su propia forma: la es-                                                              fuera” (2012, 204): “‘¿Dónde estamos, Zarco? ¿estamos de

         critura de Marta Sanz desequilibra, doblega, y descentra la                                                             verdad dentro de ti? ¿Así es como tú quieres a la gente? pa-

         forma narrativa tradicional, en un constante juego con sus                                                              rece que Paula se ha propuesto estropear el ritmo del cuen-


         lectoras y lectores.                                                                                                    to, pero yo no lo voy a consentir” (2012, 243). O más aún:

             Si en Black, black, black las voces de Zarco y de Paula se                                                          “Froto el metal y sale cuando a mí me da la gana” (2012,

         distinguían con cierta nitidez, puesto que el narrador ho-                                                              296). O finalmente “Paula, dentro de mí, se está haciendo

         modiegético era Zarco en la primera parte y Paula en la úl-                                                             perversa. Se enrancia. La Paula del mundo exterior se con-

         tima, en Un detective no se casa jamás Paula deja de tener una                                                          tiene más de lo que sería saludable. Alguien debería practi-


         voz autónoma. A lo largo de las dos novelas, la subjetividad                                                            car pronto un exorcismo, sacármela por la boca, para que

         de Zarco se entreteje progresivamente con la de Paula, que                                                              mi cuerpo no la corrompa definitivamente” (2012, 199).

         representa otra marginalidad, no solo sexual (al ser mujer),                                                                La narración homodiegética de Zarco-Paula deja sitio en

         sino también física (puesto que sufre una discapacidad mo-                                                              el centro de sendas novelas a otras voces narrativas. La se-

         triz, una cojera). La presencia de Paula va difuminándose a                                                             gunda parte de Black, black, black corresponde al diario de






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