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propone la mejor versión del realismo, que sin duda es la de conformación y constitución por medio de sistemas de re-
Lukács) a la capacidad de conocernos en toda la compleji- laciones, o lo que es lo mismo, la capacidad de imponerse
dad del sistema de relaciones que nos constituye. Y, corre- sobre la propia identidad entendida como soporte de rela-
lativamente, resulta obvio en qué sentido cabe hablar de un ciones externas. En efecto, si cabe pensar las figuras indivi-
empobrecimiento en la medida en que pretendamos buscar duales como mera composición de planos (por exhaustiva y
nuestra constitución en un mundo que, literalmente, no va completa que esta sea) no cabría llamar libertad, ciertamen-
más allá de nuestras narices. te, más que al reconocimiento de la necesidad. Aunque no
En este mismo sentido, también implica un enriqueci- es este el lugar para profundizar en la diferencia, no quere-
miento semejante la realización efectiva del concepto de mos dejar de hacer alusión a que, además de identidad (es
Humanidad, es decir, la progresiva capacidad de vivirnos decir, además de todo aquello que el mundo ha hecho con
y pensarnos como miembros de la especie (y no solo a tra- nosotros, por utilizar una fórmula de Sartre) resulta impres-
vés del sistema de mediaciones en que consiste la raza, el cindible salvar una dimensión para la personalidad, la sub-
sexo, la clase, etc.). De hecho, esto es en el planteamiento jetividad o el carácter (es decir, para aquello que nosotros
de Lukács lo que nos permite sentir como propias las gran- podemos hacer con aquello que el mundo ha hecho con
des obras del pasado, lo que nos permite vivir en las gran- nosotros), dimensión sin la cual, sencillamente, no cabe ha-
des obras del pasado un destino que es el nuestro, el desa- blar propiamente de libertad.
rrollo de una infancia que es la nuestra en tanto infancia de Ahora bien, en cualquier caso, por autónoma que resulte
la humanidad. En este sentido, esa ampliación en el modo esa capacidad interior para trascender la propia identidad,
de sentir que nos permite vivirnos y pensarnos como miem- ese carácter que permita sobreponerse al sistema de relacio-
bros de la humanidad, implica también un enriquecimien- nes por el que uno es conformado y, en este sentido, permi-
to de la personalidad que nos permite no solo conocernos ta levantarse sobre el propio destino; por libre y autónoma
como una pieza dentro del complejo sistema de relaciones que sea la instancia desde la que impugnar la propia cons-
en el que participamos (como parte del mundo) sino que trucción, el orden del mundo y el sistema completo de tra-
implica también conocer, vivir y pensar ese sistema de rela- diciones; por soberana que sea la instancia de la razón y la
ciones como momento del que formamos parte (como par- libertad, a lo que no puede aspirar en ningún caso es a ser
te de la historia universal). autora. En efecto, la razón y la libertad tienen el derecho y
Todo este planteamiento, ciertamente, puede resultar con el deber de reformar y civilizar cualquier realidad con la que
justicia merecedor del reproche de estar devaluando la au- se topen, pero no pueden en ningún caso crearla.
tonomía del carácter, la independencia de la subjetividad En cualquier caso, el proyecto político de la Ilustración,
respecto al destino, es decir, menospreciando la potencia li- en su versión republicana y democrática, siempre ha tenido
beradora del sujeto como capacidad de trascender la propia por bandera la tarea de ampliar el modo de sentir, es decir,
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Revist a de alces XXI Número 1 , 2013