Page 462 - Revista2
P. 462

tomando prestado el título del volumen de Fernando Gar-                                                                 nes— aparece solo al final. Zarco no investiga, sino que se

         cía Selga y José B. Monleón, son “[r]etos de la postmoder-                                                              transforma en pasivo confesor y testigo de los delitos, deli-

         nidad” (Madrid: Trotta, 1999). Mejor aún, son retos a la                                                                tos que nadie denuncia. En ambas novelas el detonante de

         postmodernidad desde la postmodernidad.                                                                                 las acciones violentas es el dinero y las víctimas son tan cul-

             Si los dos textos de Marta Sanz son complejos por sus                                                               pables de sus excesos como sus asesinos.

         cambios de focalización, por la interferencia de un relato                                                                  Marta Sanz asume, como ella misma comenta en una en-

         dentro de otro relato, por los flujos de conciencia de varias                                                           trevista concedida a Daniel Arjona, “el reto de contar a tra-


         —pero iguales— voces narrativas, por su alternancia en-                                                                 vés de una voz que se expresa sobre diferentes soportes” (El

         tre el discurso directo libre y la narración homodiegética,                                                             Cultural 29/06/2012). Tal vez sea éste el rasgo más caracte-

         y por las rupturas del llamado pacto de lectura, sus histo-                                                             rístico de su obra: a pesar de hacer hablar a varios persona-

         rias (“historias” en el sentido que Genette le da a este térmi-                                                         jes, la voz narrativa es siempre la misma, una voz híbrida,

         no) se pueden resumir en pocas palabras. En Black, black,                                                               multiforme, llena de resonancias diferentes, que se expresa


         black, Arturo Zarco, un detective privado, contratado para                                                              por medio de una impresionante destreza lingüística, sobre

         resolver un caso de asesinato, conduce sus indagaciones en                                                              diferentes soportes. Esta voz —en mi opinión la gran pro-

         el edificio donde la víctima murió estrangulada y entra así                                                             tagonista de las novelas de Marta Sanz— acompaña a sus

         en contacto con sus vecinos, todos sospechosos del crimen.                                                              lectoras y lectores en un fascinante viaje a través de enume-

         Pronto se enamora de uno de ellos, el joven Olmo, con                                                                   raciones léxicas, juegos de palabras, asociaciones de ideas,

         el cual empieza una relación sentimental. Zarco comunica                                                                pleonasmos y ecos literarios, subiendo a registros de elevada

         por teléfono los detalles de su investigación y los pormeno-                                                            elocuencia o bajando a modismos populares: una rebosante

         res de sus amores a su ex mujer, Paula Quiñones, y al final,                                                            profusión verbal que produce una sinestesia de sensaciones

         cuando Zarco termina en el hospital por una paliza, es ella                                                             visuales y hápticas. El carácter cinematográfico de su pro-


         quien toma las riendas de la investigación y quien solucio-                                                             sa es evidente: “Una cámara acelerada barre la silueta de se-

         na el caso. Las vicisitudes de Zarco continúan, después de                                                              res humanos progresivamente más erguidos” (2012, 210) o

         su ruptura con Olmo, en Un buen detective no se casa jamás.                                                             “Pinto el relato de Cambra con la textura nebulosa que tie-

         Como antídoto para su desamor, Zarco acepta la invitación                                                               nen las películas de grano gordo” (2012, 223). Pero Marta

         de su pudiente amiga Marina y pasa una temporada en su                                                                  Sanz no solo nos hace ver sino también oír, oler y acariciar.


         riurau de la costa mediterránea. Aquí, Zarco conoce a la fa-                                                            Por ejemplo, al describir a Luz, Zarco señala sus gestos “gá-

         milia peculiar de su amiga, que se caracteriza por tres gene-                                                           rrulos, locuaces, incontinentes, extrovertidos” (2010, 68) y

         raciones de gemelas: la de Marina y su hermana Inge, la de                                                              sigue comentando que “provocan un ruido que me impide

         sus dos sobrinas, y la generación de su madre y su tía Am-                                                              oír la voz que, formando parte de ese ruido, se pierde entre

         paro. En esta novela, el crimen —o mejor dicho, los críme-                                                              los timbrazos, las caceroladas, los chisporroteos, los sones,






      462                                                                                                                                                                                                                             463
                Revist a   de   alces   XXI                                                                                                                                           Número  2 , 2014-2015
   457   458   459   460   461   462   463   464   465   466   467