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—lo posible— promueve un ambiente social caracterizado   el conocido título del libro publicado por James Davidson

 por la insatisfacción de las personas con su vida presente, y   Hunter en 1991— las guerras de la cultura o la pelea por

 este es un caldo de cultivo propicio para posibles alteracio-  definir el alma de América. El caso es que, al tiempo que

 nes políticas: “What we have today is a radical disjunction   se produce el asalto neoliberal a las condiciones de vida del

 of culture and social structure, and it is such disjunctions   demos, lo que pasará por discusión política se va orientan-

 which historically have paved the way for more direct social   do hacia asuntos culturales como la financiación de las ar-

 revolutions” (“Lo que tenemos hoy en día es una disyunti-  tes o las controversias relativas a qué identidad cultural o


 va entre cultura y estructura social, y son tales disyuntivas   estilos de vida expresan mejor el ser auténtico de la nación

 las que históricamente han preparado el terreno para revo-  o los intereses sagrados de la patria —sin que, por la mayor

 luciones sociales más directas”: 35). Por tanto, si el objetivo   parte, ello suponga poner en entredicho ese ser auténtico o

 propuesto es contribuir a crear las condiciones que impo-  esos intereses—. La deriva metacultural se ve confirmada al

 sibiliten una revolución, un buen punto de partida sería el   considerar más en concreto lo que Bell juzga por ‘cultura’ e

 fomentar una cultura que no choque con la “racionalidad”   ‘intervención cultural.’

 económica.  Por lo primero, Bell entiende los productos que solemos


 He comentado en un par de ocasiones que en ningún   clasificar bajo la etiqueta de artes y letras. Tal delimitación

 momento Bell identifica cultura y política —sin ir más le-  ayuda a asumir que el choque entre cultura y sociedad se

 jos, fijémonos en la distinción implícita entre revoluciones   piense como un conflicto entre la moral burguesa tradicio-

 sociales directas e indirectas que la cita previa establece—.   nal y el estilo de vida asociado con el “movimiento moder-

 Al subrayar este tema quiero indicar que su argumentación   nista.” Ambos —la moral burguesa y el estilo de vida bohe-

 descansa en la tesis de la diferente localización social de am-  miovanguardista— son hijos del capitalismo, y he aquí la

 bas esferas de actividad. Pero, por otro lado, parece obvio   razón por la cual Bell habla de las contradicciones cultura-

 que la cultura pasa a ocupar la posición más destacada a la   les generadas por el desarrollo capitalista. Efectivamente, la

 hora de asegurar que el diseño futuro de la sociedad se ade-  estructura de la personalidad forjada en el ámbito de la pro-


 cue a una “racionalidad” económica que quede al margen   ducción, con su énfasis en el autocontrol, la demora de la

 de la discusión política. En este sentido, la intervención de   gratificación y la disciplina, se contraponen a unas prácticas

 Bell puede ser descrita, por utilizar el término acuñado por   del ocio, del consumo y, en definitiva, de la autoexpresión

 Mulhern, como un exponente del discurso metacultural, es   fuertemente influidas por la experiencia artística modernis-

 decir, como un intento de minimizar la autoridad social de   ta con su etos antiburgués pero, al mismo tiempo, dinámi-

 la política. Y, de hecho, visto retrospectivamente, las disqui-  co y expansivo como también lo es el capitalismo (19, 38).

 siciones de Bell constituyen una intervención bien articula-  Los corolarios que Bell deriva de su diagnóstico son los si-


 da de lo que posteriormente se denominó —parafraseando   guientes:






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 Revist a   de   alces   XXI                                              Número  1 , 2013
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