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fase inicial de este ciclo (como en la que ahora estamos) se-                                                               De esta tarea, no se debe confundir su función pream-

         ría absurdo pretender y esperar, en España o Europa, lo-                                                                bular, de apertura, con una relevancia menor. No hay fases

         gros palpables y resultados fehacientes. Quiero dejar clara                                                             más o menos importantes porque cada una permite y per-

         mi opinión: hay descripciones que confunden una resisten-                                                               mitirá la siguiente. Tampoco existen labores más o menos

         cia defensiva, improvisada, reactiva y de mínimos con una                                                               trascendentes porque cada una de ellas es y será la condición

         estrategia integral y con opciones de éxito. Dicho éxito, de                                                            de posibilidad de la posterior. Tras el desastre mayúsculo del

         darse, será un resultado futuro y no un punto de partida.                                                               bloque soviético, la derechización de toda la izquierda eu-


         Esto no se transcribe en el idioma del estasis o de la inercia                                                          ropea, las dos mareas de neoliberalización capitalista (That-

         irónica. Al contrario, retomar la labor revolucionaria des-                                                             cher-Reagan; Clinton-Blair) y la crisis de 2008, surcamos

         de su raíz misma consiste, antes que nada, en erigir progre-                                                            una etapa de reposicionamiento. La discusión sobre el capi-

         sivamente una nueva hegemonía cultural anti-capitalista y,                                                              talismo, plenamente naturalizado durante años (converti-

         en paralelo, un consenso mayoritario que deslegitime (paso                                                              do casi en una condición natural post-histórica), ha vuelto

         a paso, pero sin transigencias) el imperativo simbólico-po-                                                             a ganar cierto momentum en algunos medios de comuni-

         líticos en el que ahora se encuentra pinzada una respues-                                                               cación, ámbitos intelectuales, debates populares y círculos


         ta abarcadora y estructurada al rodillo neoliberal. En unos                                                             académicos.  Incluso la necesidad de defender el capitalis-
                                                                                                                                                      21
         términos más específicos, el margen de praxis es (¿para qué

         negarlo?) muy estrecho, pero la oportunidad para una ofen-                                                              21  El canal La Sexta es el ámbito televisivo en el que se ofrecen repor-

         siva discursiva, simbólica e ideológica es más favorable ac-                                                            tajes y tertulias de opinión más agudas y abarcadoras sobre la crisis ca-

         tualmente que hace diez, veinte o treinta años. Las hechu-                                                              pitalista. Por desgracia, en la prensa escrita, sigue siendo El País el pe-
                                                                                                                                 riódico de tirada nacional más atrevido en su acercamiento a este tema.
         ras del campo de juego se han ampliado y hay algún espacio                                                              Este acercamiento es usualmente incongruente cuando no abiertamente

         más para planteamientos que, en el primer lustro del siglo                                                              confuso. Incluso en articulistas como Joaquín Estefanía, uno encuentra

         XXI, no existían o se tenían por neolíticas y prescritas. Lo                                                            momentos de cierta radicalidad y consistencia con otros, por ejemplo,

         que en plena feria neoliberal se desautorizaba como ante-                                                               que elogian a Miguel Boyer y su plan de ajuste entre 1983 y 1986. Es-
                                                                                                                                 tefanía aplaude este programa porque, a diferencia de lo que hoy ocu-
         diluviano y aguafiestas, ha adquirido de pronto la frágil es-                                                           rre, se “tenía desde el inicio una idea clara de dónde se quería ir, prac-

         pesura de un posible sentido común. Hay que profundi-                                                                   ticando la pedagogía con los ciudadanos” (13). En fin, la nostalgia por

         zar e insistir en esta espesura, otorgarle mayor consistencia,                                                          los neo-liberales de antes de ayer (sean Boyer, Solchaga o Rato) explica

         robustecer y expandir la crítica del sistema, y deslegitimar                                                            sinecdóquicamente los grandes límites de la línea editorial de El País. El
                                                                                                                                 Periódico de Barcelona es probablemente un rotativo más claro y efecti-
         (por todos los medios) a los predicadores irredentos del ca-                                                            vo en su acercamiento a la crisis. A estos medios clásicos hay que sumar

         pitalismo neoliberal, compasivo, democrático, globalizado,                                                              infinidad de foros barriales y cibernéticos, así como asambleas y debates

         inclusivo o perifrástico. Dan igual los epítetos porque nada                                                            populares en los que el capitalismo es el objeto central de los comenta-


         debe distraernos del sustantivo.                                                                                        rios. El programa televisivo La Tuerka realiza una labor minoritaria pero
                                                                                                                                 muy contundente.





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