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Michael Löwy en Fire Alarm, la contestación anti-capita- mos llamar, en la estela de Matthew Sharpe, lo capitalista
lista ha hecho a menudo las veces de alarma de emergencia sublime, es decir, su estatus como condición trascendental
en un tren sin control, con exceso de velocidad y en rumbo y categórica que posibilita juicios empíricos, estéticos y po-
hacia un precipicio (12-28). Siguiendo la metáfora benja- líticos (106, 108-113). Tras la crisis de 2008, no diré (por-
miniana, podemos concluir que este tren no puede marchar que sería falso) que la alternativa parezca inminente ni que
a otro paso porque el diseño de su maquinaria marca su rit- el capitalismo haya iniciado su proceso de auto-aniquila-
mo desbocado. La solución es parar el tren en seco. ción, evitándonos la ardua labor histórica de acabar con él.
¿Qué clase de enclave intelectual exige esta parada brus- Ahora bien, sí creo que el aura inexorable del capitalismo se
ca? Susan Buck-Morss sugiere el siguiente planteamiento a ha fracturado y toca reimpulsar críticas in toto del sistema.
interrogantes de este tipo: “A coherent distinction can be Existe un ambiente socio-político un tanto distinto en Es-
made between normal enemies —those whose acts as en- paña y Europa, con sus posibilidades y riesgos. Una de estas
emies as expected to act, positioning themselves with the posibilidades es el surgimiento de “enemigos absolutos” del
mental landscape of the existing political imaginary— and capitalismo. Tras años de aplastante consenso, hay ocasión
the absolute enemy whose attacks threatens the imaginary para propuestas que no prescriban la bienaventuranza de la
landscape itself” (“Se puede hacer una distinción coheren- “refundación del capitalismo” (Sarkozy dixit), sino una crí-
te entre los enemigos normales —aquéllos que se posicio- tica implacable y permanente. Difícilmente se podría exa-
nan dentro del paisaje mental del imaginario politico exis- gerar la importancia de radicalizar sin aprehensiones la dis-
tente— y el enemigo absoluto cuyos ataques amenazan ese cusión del capitalismo y sus secuelas más recientes. Volveré
imaginario compartido”; 145). Mi conjetura es que, en las sobre este asunto, pero adelantaré que, en la universidad,
últimas décadas, al capitalismo le han sobrado y le sobran esta radicalización no es una parte de la hoja de ruta sino la
“enemigos normales” y que con éstos ha convivido cómo- hoja de ruta misma.
damente y sin que su propia coherencia quedase violenta- Por otra parte, debemos compaginar esta exhortación a
da. Dichos enemigos han censurado (a veces duramente) el una enemistad absoluta con un hecho menos alentador. Si la
capitalismo, pero lo han hecho desde los parámetros de éste crisis de 2008 abre espacios ideológicos, antes casi proscri-
último, respetando que el capitalismo se trata de un escena- tos o tenidos por moribundos y recalcitrantes, dicha crisis
rio ontológico e histórico que impone los términos ineludi- se está saldando con un cierre de filas del capitalismo neoli-
bles del debate. Tras la caída del Muro de Berlín, esta reac- beral y el encono inevitable en medidas que, al margen del
ción parece incluso más comprensible. Las leyes del capital coste social que tengan, perpetúan las reglas básicas de jue-
se intensifican y propagan, y la posibilidad de una alterna- go. En un certero ensayo, T.J. Clark establece un ilumina-
tiva global y realizable se desvanece. Hablar de alternativas dor paralelismo entre nuestro contexto (la post-crisis de la
suena, de por sí, trasnochado o pueril. Esto es lo que pode- segunda década del siglo XXI) y “the interim between 1815
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Revist a de alces XXI Número 1 , 2013