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a Maastricht, pasando por Lisboa, los organismos europeos   Ni más ni menos. Si se desea más democracia u otro tipo de

 han confirmado sobradamente que no nacieron ni madura-  democracia (más participativa, abierta e igualitaria), no que-

 ron para esos menesteres. En el comienzo hubo una unión   da más remedio que cuestionar, de raíz, no sólo las actuales

 comercial marcada por unos intereses económicos muy par-  instituciones europeas sino también (y sobre todo) la propia

 ticulares, y en esto seguimos en plena crisis: “this will take   integración continental, sus cauces políticos, sus priorida-

 the form of an autocratic and asymmetrical oversight body,   des económicas, sus relaciones con África y Latinoamérica,

 lacking any democratic accountability, to impose the dik-  y, cómo no, su indisimulado chovinismo eurocéntrico. Al


 tats of northern states on the south” (“se adoptará la forma   igual que indiqué en relación al problema de la democracia,

 de un cuerpo asimétrico, vigilado y autocrático, carente de   el debate sobre Europa y su entramado organizativo ha lle-

 cualquier supervisión democrática, para imponer los dicta-  gado a un punto de no-retorno, en el que cada postura debe

 dos de los estados del norte a los del sur”; Watkins, “Ano-  confrontar sus propias ramificaciones sin empeños bana-

 ther” 8). Como la misma Watkins remata en su ensayo, “the   les. El conglomerado que resulta de Roma y que, a trancas

 Troika’s super-sovereign status” ha impuesto como objetivo   y barrancas, va modificándose y ampliándose en Maastricht

 “to squeeze the bloc into a more competitive position vis-à-  y Lisboa tiene una vocación liberal-capitalista. Sus defenso-


 vis its rivals to the east and the west” (“El estatus supra-so-  res no sólo deben asumir este hecho (que usualmente lo ha-

 berano de la Troika tiene como objetivo exprimir este blo-  cen), sino también sus resultados (algo no tan usual). Al leer

 que hasta dotarle de un estatus más competitivo vis-à-vis   bondadosos llamamientos para que la U.E. se democratice

 sus rivales en el este y el oeste”; “Another” 12; 6).   o muestre sensibilidad social, uno tiene la impresión de es-

 En un esfuerzo de ponderación, se podría culminar este   tar oyendo al perro melancólico aullarle a la luna: poética-

 análisis del siguiente modo. Más que adjudicarle a la U.E.   mente hermoso, políticamente inocente. La U.E. se rige en

 un carácter democrático o anti-democrático, quizá lo más   función de los reveses y requerimientos de un sistema eco-

 inteligente sea concluir que ésta es democrática en la forma   nómico. Ralla en lo incongruente desgarrarse las vestiduras


 en que lo es. La U.E. surge para establecer un ámbito de in-  porque este sistema económico imponga ahora una silueta

 tercambio comercial y, de paso, frenar movimientos con-  política tecnócrata-elitista y unos recortes de gasto público

 testatarios e insurrectos de izquierda. El resto de “ideales”   para amparar los intereses del capital, los lobbies financieros

 (políticos, sociales y culturales) no han pasado de algarabía   y los circuitos bancarios. Ésta ha sido la historia de las coa-

 conmemorativa o simples aspiraciones a remolque. En con-  liciones europeas desde 1945.

 secuencia, dados los presupuestos inherentes a estos inicios,   En realidad, el debate sobre la Unión Europea, pero tam-


 en la Unión ha habido la democracia que han autorizado el   bién otros muchos (sobre el estado central, el surgimiento

 capitalismo de mercado, los sistemas liberales parlamenta-  de nuevos estados o la reforma de la Constitución), se ve

 rios y la deslegitimación incansable de propuestas radicales.   aquejado de un problema de raíz que lo vicia fatalmente.






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 Revist a   de   alces   XXI                                              Número  1 , 2013
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