Page 195 - Revista1
P. 195
valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus de- Sólo a un hombre [Gramsci] que se ofrece a los otros como par-
rechos y sus deberes” (15). Un trabajo de reconstrucción de te orgánica de un ideal y de una entidad colectivas, y que cum-
la subjetividad en estos términos implica, necesariamente, ple con su vida esta promesa, se le puede ocurrir la idea de que
el partido político de la emancipación es un intelectual colecti-
la ruptura con la matriz hedonista y el individualismo estre- vo en el que el intelectual tradicional por antonomasia, en vez
chamente asociado con ella, ese narcisismo que fomenta la de quedar diluido o ser sobredimensionado, queda convertido
fragmentación social. Y esta es solamente la primera etapa en intelectual productivo, en intelectual que produce junto a los
en el proceso que estoy describiendo. Como recuerda Fran- otros, junto a los trabajadores manuales que quieren liberarse.
cisco Fernández Buey en su análisis de la cultura política en (86)
Gramsci —el proyecto “ético-político”—, el concepto de Por tanto, lo que diferencia al movimiento político eman-
cultura del pensador y político italiano combina indisolu- cipador del proyecto cortesano son dos rasgos irrenuncia-
blemente dos rasgos, el de la “crítica” y el del “orden.” Al pri- bles. Por un lado, la ruptura del modelo clérigo-simples que
mer rasgo me he referido más arriba al hablar del momento la corte había adoptado en su versión secular y, por otro,
crítico o asunción de los objetivos del movimiento ilustra- el objetivo de ampliar el movimiento para incluir a toda la
do con el objetivo de cuestionar la civilización capitalista. agrupación social, para lo cual el movimiento político debe
El segundo, el rasgo del orden, quiere decir, para Gramsci, desarrollar y practicar un universalismo tendencial, una len-
“disciplina respecto de un ideal” (Fernández Buey 96). Y gua común, una renovada cultura que haga viable la incor-
es, en definitiva, este momento constructivo, como señalé poración de todos y todas. Estos dos rasgos permiten di-
28
con anterioridad, el que permite incorporar la reconstruc- ferenciar nítidamente el movimiento político democrático
ción de la subjetividad al proyecto de una nueva comuni- de iglesias, sectas, mafias o partidos al uso (Fernández Buey
dad política y su correspondiente esfera pública. Este es el 127). En definitiva, la reconstrucción de la subjetividad, la
momento de la decisión autónoma por la heteronomía, de intervención cultural y la praxis política de los participantes
la libertas concebida como sometimiento voluntario a la co- en el movimiento deben intentar a toda costa que la comu-
munidad democrática, del descentramiento para “cono- nidad política imaginada que está en proceso de constitu-
27
cerse mejor a sí mismos a través de los demás, y a los demás ción sea una expresión coherente de la comunidad efectiva
a través de sí mismos” (Gramsci 17). Y volviendo a la com- en que consiste el movimiento. Desde una perspectiva real-
paración con el antiguo régimen, el momento equivalente a
la constitución de la corte, es decir, de lo que Gramsci de- 28
Me refiero a lo que Fernández Buey denomina la “tercera cultura,” esa
nomina el intelectual colectivo, el partido o, mejor, el mo- que es resultado de la interconexión de las ciencias con las humanida-
vimiento político. Fernández Buey: des, y cuyo objetivo es mejorar la comprensión de los desafíos contra los
que la humanidad se enfrenta. En el artículo de Salvador López Arnal se
anuncia la próxima aparición de un libro que el filósofo palentino dejó
27 Consultar el artículo de Joanna González Quevedo (7). antes de morir sobre este tema.
194 195
Revist a de alces XXI Número 1 , 2013